elindomable |
El Indomable Niño Dios. "Estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa." |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005.
Hay veces en las que uno debe aprender a echarse a un lado. A quedarse quieto a los ojos de los demás aunque no pueda parar de mover los pies compulsivamente cuando nadie mira. Esta es una época de paseos largos, de fotos en blanco y negro, de comprar discos que te arropen o te den energía, de centrarse en poner las cartas sobre la mesa y dedicarte a tu trabajo. Siempre queda la radio. Aprendo cada minuto cosas nuevas que luego, muchas veces, se olvidan al llegar al micrófono. De eso se trata, de aprender un oficio, de aprehender las herramientas que te hacen ser mejor en esto de hablar con los demás. Supongo que éstas son épocas en las que hay que estar bien con uno mismo, con los libros que le rodean y las personas que siguen alrededor. A veces es curioso cómo las obligaciones diarias se erigen en salvadoras de la propia rutina. Comprarse el Vespertine de Bjork y (por fin) el Sgt. Peppers de The Beatles. Darle al helado. Pedir sushi. Ir de cañas. Ver a Benedicto calarse el tricornio en El País y reírse. Sacar fotos a tus compañeros del Máster. En definitiva, llenar la cabeza con cosas distintas. Y todo por no saber dejar la mente en blanco para alcanzar con los años el Nirvana. Hoy he ido a un seminario sobre la Violencia de Género y su tratamiento en los medios. Ha sido muy interesante (pese a que esta noche apenas habré dormido 4 horas). Han ido directores y subdirectores de informativos de Telecinco, Cuatro, Antena 3, TVE y Canal Sur. También psicólogos, estudiosos de la comunicación y mil personas más. De estas charlas he extraído varias conclusiones. Y además de todo esto he aprendido medios útiles y prácticos (porque el periodismo es en buena medida un oficio) para enfrentarme a una noticia así. En fin, no me meteré más a fondo porque no es el lugar. Otro día os pondré la dirección del estudio que se ha publicado, que es muy interesante. Es muy bueno escuchar a abanderadas del feminismo porque te enseñan, con el dedo índice si hace falta, a ver qué fallos puedo cometer como hombre-periodista. Lo cierto es que hay que replantearse todo cada día. ¿No creéis que nos cargamos día a día de mil prejuicios? Amigüitos, este es un cuento que tuve que hacer para clase. Con motivo de este día de la lotería y de la navidad que se echa encima sin piedad... aquí os dejo al Dioni. A más de uno ya le gusta. Many crismas y krustys para todos! Dioni siempre había querido ser niño de San Ildefonso. Dioni tenía 30 años, barba y una buena mata de pelo en sus piernas. La verdad es que no pegaba mucho con sus compañeros de clase de 12 años. Pero es que Dioni quería ser uno de los niños de San Ildefonso que cantan el Gordo de Navidad. Se le había ido pasando el arroz. Primero no lo cogieron por ser muy pequeño, luego porque le estaba cambiando la voz, y ahora no lo cogían porque parecía el padre de todos los demás. Vicente, el niño de gafas y más repipi de la clase, iba a ser el encargado de sacar los números en el sorteo. Dioni no soportaba a este chaval. La que le acompañaría era Bea, una chica muy mona contra la que Dioni no tenía nada. A fin de cuentas, Bea no era su competidora por el puesto. Por fin, haría su sueño realidad. Bea estaba a su lado, frente al bombo, y se fijó en que Dioni no paraba de sudar. Bea le ofreció algo de beber y Dioni se lo tomó agradecido. Se levantó el telón. Las bolas comenzaron a girar, y cayó la primera. Dioni la cogió, pero, de pronto, sintió una punzada en el estómago. Estiró el brazo con la bola. No podía doblar el codo. Y entonces, Bea cantó el Gordo. Dioni, sudoroso, sólo pudo mirar bajo la mesa y ver que lo que había bebido era un batido de chocolate. ¡Mierda! ¡No podía doblar el codo y ver el número! Dioni no pudo cantar el gordo. Dioni, no pudo dar su brazo a torcer. Cómo van y vienen los rumores. De pronto aparece en Diario de Navarra (y en más medios) que Francino se va a Cuatro, que Gabilondo se va a los fines de semana de Cuatro y que Pedro Blanco pasa a presentar Hoy por Hoy. En principio esto es raro porque Francino, según algunos con los que he hablado, iba cogiendo soltura en la radio. Algunos dicen que suena muy "chulesco", pero el caso es que ha ido encontrando su sitio y sus modos. A mí me parece que ha salido bien del papelón en que estaba. ¿Y con Cuatro qué pasa? Gabilondo no consigue levantar el vuelo en audiencias y, desde mi punto de vista, no está cómodo. Pero todos estos hechos no justifican que se produzca este revuelo a las pocas semanas de que estos perodistas hayan ocupado sus nuevos puestos. Pero el revuelo, el desconcierto que se crea... al día siguiente se corrige. O se aumenta, según se mire. Hoy, un día después de la información aparecida en Diario de Navarra, leo un titular que dice que Pedro Blanco sólo sustituye a Carles Francino durante Navidad. ¿Y Gabilondo? Pues el master se queda en los informativos de Cuatro en la edición de la noche. En resumen: todo como estaba. ¿Por qué pasa esto? ¿Tan precocupados están en Prisa con las decisiones que han tomado? ¿Están lanzando "globos sonda" como lo hizo el PP cuando estaba en el Gobierno para ver cómo sentaban en la sociedad posibles nuevas propuestas? ¿O es que los demás medios quieren hacer tambalear a la cadena líder de la radio? ¿Sabéis qué pienso yo? El que mejor se ha adaptado al cambio de medio y el único que ha demostrado que era buenísimo y que sigue siéndolo es Miguel Ángel Oliver. Era el mejor sustituto (y heredero) de Iñaki Gabilondo y, para mi gusto, ahora es el mejor presentador de los informativos de Cuatro. Más de 3.000.000 de personas no tienen hogar en los Estados Unidos. De ellos, entre 900.000 y 1.400.000 son niños que viven en la calle, según un estudio del NY Times. Unas 11.000.000 de personas están en riesgo de perder sus hogares en los Estados Unidos y pasar a ser "homeless". Oxfam estima que, en España, en torno a 273.000 personas viven en la calle o en alojamientos. Cerca de 8.000 personas duermen cada noche en Madrid en la calle. ¿No podemos encontrar un mejor espejo donde mirarnos? En nuestro país, mientras pasa esto, un 15% de las viviendas están vacias. Fantástico. Todos podemos llegar a eso, todos podemos caer. Puede que la próxima vez que veamos a alguien dormir en la calle no sólo pensemos que "es una pena" o "pobre hombre". Puede que la próxima vez pensemos en no especular cuando tengamos más de una casa, puede que la próxima vez nos decidamos a echar una puta moneda. Yo mismo soy el primero que debe hacer eso. Silencio. Una respiración profunda rebota contra la almohada. Unas piernas se mueven bajo unas sábanas con demasiado apresto. Abrió los ojos y vió unas flores sobre la mesilla. Tras pasar sus delicadas manos por sus enormes y rasgados ojos marrones pudo distinguir cuatro rosas amarillas. Sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. La luz de la mañana inundaba toda la habitación del hotel de una forma despiadada y cálida al mismo tiempo. Las rosas estaban inmóviles, casi imperturbables hasta que ella estiró sus dedos y rozó con suavidad las pequeñas hojas que aún dejaban resbalar hacia su interior algunas gotas de rocío. Estaba despeinadísima pero se sentía mucho más guapa que cualquier otro día. Sonidos apagados de bocinas de coches en el exterior. Un rumor se cuela bajo la puerta. El servicio de habitaciones limpia una de las habitaciones de enfrente. Salió del cuarto de baño con la cara lavada. Se sentía guapa antes pero no pudo evitar peinarse al verse reflejada en el espejo. Sus tobillos crujieron de forma casi imperceptible mientras se dirigía de nuevo a la cama. Eso le hacía gracia. Se sentó con las piernas cruzadas, se puso bien el camisón con el que había dormido y miró a su alrededor hasta que se topó con aquellas cuatro rosas sobre la mesilla. La habitación parecía en silencio, casi imperturbable, mientras el mundo seguía inmerso en sus ruidos. Estaba muy tranquila. Una tarjeta entra en la cerradura. El bloqueo electrónico desaparece. Una luz verde se ilumina en el pomo y la puerta se abre. Su primer instinto fue el de taparse pero se resistió. Se sabía guapa aquella mañana y, pese a que no le gustaba lucirse, estaba segura de que a él le gustaría. Una sonrisa. Otra sonrisa. Buenos días. ¿Has dormido bien? Gracias por las flores. Estás guapísima. Gracias por las flores, me encantan. Ella sabía que él le estaba mirando las piernas. Le apasionaba que le gustasen de aquel modo. Un abrazo. Así pudo comprobar cómo se hinchaba su pecho y, también, el de él. Todo parecía un sueño de color marfil, ciertamente difuso... pero no. El abrazo cesó y el día se inició en ese mismo instante. Ruido de coches. Tacones. Risas. Sonido de restaurante. Un "bonjour" en cada esquina. La cámara admite que ha tomado una foto. Las palomas se arremolinan en las Tullerías. |
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