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elindomable

El Dioni

Amigüitos, este es un cuento que tuve que hacer para clase. Con motivo de este día de la lotería y de la navidad que se echa encima sin piedad... aquí os dejo al Dioni. A más de uno ya le gusta. Many crismas y krustys para todos!

Dioni siempre había querido ser niño de San Ildefonso. Dioni tenía 30 años, barba y una buena mata de pelo en sus piernas. La verdad es que no pegaba mucho con sus compañeros de clase de 12 años. Pero es que Dioni quería ser uno de los niños de San Ildefonso que cantan el Gordo de Navidad. Se le había ido pasando el arroz. Primero no lo cogieron por ser muy pequeño, luego porque le estaba cambiando la voz, y ahora no lo cogían porque parecía el padre de todos los demás.

Pero Dioni no daba su brazo a torcer. Siempre se las ingeniaba para dejar alguna asignatura y tener que volver al cole un año más. El Director siempre le decía que no hiciera el tonto porque, con esa edad, ya era imposible que pudiera cantar el Gordo. Pero Dioni no daba su brazo a torcer.

Vicente, el niño de gafas y más repipi de la clase, iba a ser el encargado de sacar los números en el sorteo. Dioni no soportaba a este chaval. La que le acompañaría era Bea, una chica muy mona contra la que Dioni no tenía nada. A fin de cuentas, Bea no era su competidora por el puesto.

Llegó el día del sorteo. Vicente estaba resplandeciente. Bea no estaba nada fea. Y Dioni, Dioni estaba de público. El momento de empezar se iba acercando y Dioni, como era de San Ildefonso, pudo ir detrás del escenario. Su plan comenzaba en ese momento. Dioni se acercó a Vicente con una sonrisa fingida, sacó un batido de chocolate del bolsillo y se lo ofreció a Vicente. Para tener la garganta bien hidratada y esas cosas. El niño se lo bebió de trago sin saber que Dioni le había echado medio botiquín en el batido. En un rato, el repelente no podría ni tenerse en pie de los retortijones y, entonces, sería el gran momento de Dioni.Quedaban cinco minutos para que comenzara el sorteo y Vicente empezó a tener unos espasmos increíbles. Las piernas se le estiraban por completo, luego el cuello y luego los brazos. El Director llamó a una ambulancia y se lo llevaron al hospital. Su única posibilidad era Dioni. Quedaría un poco raro, pero, al menos, era un alumno.

Por fin, haría su sueño realidad. Bea estaba a su lado, frente al bombo, y se fijó en que Dioni no paraba de sudar. Bea le ofreció algo de beber y Dioni se lo tomó agradecido. Se levantó el telón. Las bolas comenzaron a girar, y cayó la primera. Dioni la cogió, pero, de pronto, sintió una punzada en el estómago. Estiró el brazo con la bola. No podía doblar el codo. Y entonces, Bea cantó el Gordo. Dioni, sudoroso, sólo pudo mirar bajo la mesa y ver que lo que había bebido era un batido de chocolate. ¡Mierda! ¡No podía doblar el codo y ver el número! Dioni no pudo cantar el gordo. Dioni, no pudo dar su brazo a torcer.

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6 comentarios

Pobre Furby -

Ja ja ja! ya sabes que no se me resiste ni una!

Nico -

Uyyyyyyy habremos de quedar en nuestras tierras. Qué bonito eso de reírse de las mujeres de aquí (de algunas, no de todas) y de la increíble marcha de Pamplona. Aquí te esperamos.

Por cierto Edu, mi madre te vió el otro día con una camiseta amarilla por ahí detrás de Miguel Ángel Oliver. Y me dijo que ibas detrás de una chica... ¿qué novedades tienes que contar?

Pobre Furby -

Vaya con el Dioni! Un auténtico cuento de Navidad.
Felices fiestas a todos los que visitéis este blog y nos vemos en iruña Nicolasillo.

Ole ole!

Anónimo -

Ya he leído varios artículos tuyos. Me gusta mucho como escribes. El Dioni es todo un sex-symbol, ¿no?
Un beso.

Nico -

Vive le porgno belén!

Teresa -

el dioni, cuántas alegrías nos ha dado!! Estas Navidades serán recordadas por esta aportación a la literatura universal y por el porno-belén!.
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