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elindomable

Nueva entrega de los breves escritos de elindomable productions. Espero que os guste esta historia que, por breve, no deja de ser falsa.

Los mil vodkas que se había bebido esa noche y sus piernas le llevaban de vuelta a casa. No era consciente de que estuviera caminando. Simplemente era un autómata que buscaba un refugio hasta recobrar la plenitud de sus facultades. Como un animal, lamía sus heridas con alcohol y miraba con recelo a toda persona que pasara por su lado. Le costaba enfocar y distinguir a una mujer vieja de una joven y atractiva. Se sentó en el escalón de un portal para ver si conseguía que la puta calle dejase de dar vueltas pero las aceras se empeñaban en retorcerse y girar sobre sí mismas, como si una mano oculta las meciera de lado a lado. "Traga saliva", se decía. "Traga saliva, ponte de pie y vete a casa. Estás dando pena." ¿Dónde quedaba la poca dignidad que creía tener? Se miró las manos buscando una respuesta pero al darles la vuelta descubrió que sus nudillos estaban machacados. Se puso en pie. Deseaba con toda sus fuerzas no caerse, no hacer el ridículo y que las heridas de su mano las hubiera provocado algo y no alguien.

Una ducha. Esta vez no hay límite de tiempo ni de champú o gel... Lo que sea para quitarse este sabor a alcohol y este olor a tabaco. Les escuecen los nudillos cuando cierra el puño. La herida se abre y el jabón se le mete por ella. Ahora escuece más. La radio suena de fondo. Por lo que dicen las noticias el mundo debe estar desmoronándose. Ya van más de mil muertos. Y eso sólo en un bando. Cierra los ojos y trata de imaginarse desnudo en esa ducha. Trata de imaginarla a ella desnuda. No lo logra. El número de fallecidos retumba en sus oídos mientras en sus ojos se contrapone una cascada de imágenes bien distinta: Son mil las fotografías de modelos en portadas de revistas, en anuncios de televisión o en películas que tiene delante. Esas sí las ve con mucha claridad, hasta tal punto que recuerda cada detalle grabado en su mente. La mezcla le da asco. Todo parece irreal.

Lo verdadero se diluye en lo imaginado. La objetividad se pierde. El hielo se vuelve a rendir ante el vodka, otra noche más. Es entonces cuando no puede soportarlo más. Se levanta y deja a esa chica junto a la barra sin decirle nada. Sale del bar y echa a correr. Puede que todavía esté a tiempo. El viento le pega en la cara, el sudor le empapa la camisa... pero no importa. Puede que aún esté a tiempo de coger el primer tren.

 

 

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4 comentarios

Alemana -

Muy bueno amiguito. Muy bueno.

Pobre Furby -

Joe que descripción de la situación. Me he mareado y el sabor a vodka me ha subido por la garganta.

Anónimo -

Hace muchísmo tiempo que no entraba en este weblog y me ha alegrado ver una nueva historia. Bien contada. Como la primera que leí y que tanto me gustó.

teresa -

no dejas de sorprenderme
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