elindomable |
El Indomable Niño Dios. "Estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa." |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema asteroide. "A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante." Oscar Wilde (1854-1900) Yo ya estoy un poco harto. Todo va muy bien pero algo dentro me dice que puede mejorar. Y es esa sensación la que me impide disfrutar de todo lo bueno que me rodea. A esto hay que sumarle que me ilusiona lo que no debería. Supongo que es parte de la esencia de este mundo imperfecto que nos toca vivir o que hacemos nosotros. Puede que esté esperando ese momento del que hablaba Wilde, en el que la vida se muestra con toda la plenitud. Y lo cierto es que poco me importa ya lo que provoque ese instante. Olvidarse de lo planeado, de lo correcto y afrontar el día a día como llegue. Sorpresas incluídas. "La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes." John Lennon (1940-1980) Había cocinado sushi para sus amigos del trabajo. Otro había traído vino. Otra, helado. Otro había cocinado unos pimientos rellenos de carne. Además, el resto había traído quesos, paté con mermelada y cosas para picar. Toda la noche en la cocina, preparando la comida, riendo, algunos se hicieron unos porros... Y así pasó la noche, entre risas y amigos. Al día siguiente había que ir a trabajar y a eso de la una de la mañana cada uno comenzó a irse a casa para dormir algo. Cogió el metro con otros tres amigos pero fue el primero en bajarse. La parada de metro más cercana de esa línea estaba a unos quince minutos caminando de su casa. Iba solo por la calle. Se cruzó con tres o cuatro personas y con el camión de la basura, que hacía un ruido ensordecedor. Soplaba un poco de aire y la avenida por la que bajaba estaba extrañamente vacía. Puede que por eso se girara varias veces para comprobar que realmente iba solo. Y así era. Supongo que todo el mundo tiene derecho a tener un poco de precaución o miedo irracional, como se le quiera llamar. Paso a paso sus Adidas le llevaban a su cama. Cuando estaba a punto de doblar la última esquina antes de llegar a su portal se fijó en un bulto que yacía sobre un banco de la calle. Siguió caminando pero no podía quitar sus ojos de esa persona que dormía tan sólo tapada con una manta. Llevaba barba, la piel un tanto oscura por no lavarse y estaba envuelto como una larva en una manta no muy gruesa de un color amarillento. Dormía plácidamente. Con la boca abierta. No se detuvo pero pudo comprobar que realmente estaba dormido. Sí, los ojos no estaban entornados sino bien cerrados. Con las manos en los bolsillos tocó una moneda de 2 Euros que llevaba encima. Pensó en dejarla en el suelo. Así le hacía un favor sin que pareciera una limosna. Pensó en el amor propio de una persona que, seguramente, ya lo había dado por perdido. Pero tampoco dejó el dinero. Siguió caminando, triste, abatido y haciendo girar con sus dedos esa moneda dentro del bolsillo de su vaquero. Cinco minutos más tarde estaba en su cama. Grandísima. En sus sábanas rojas y negras. Hacia calor y se tapó con la sábana hasta las orejas. La moneda estaba sobre una repisa de la estantería. Apagó la luz y cerró los ojos. Esa noche tardaría en dormirse un poco más de lo normal. Sólo un poco. A veces es alucinante saber que has acabado algo. Esa sensación que mezcla tranquilidad, vacío e inquietud por eso que podrá llenar ese hueco. Hoy, viernes, puedo decir que he terminado el Master de RNE completamente. Acabado. Buenas noticias: me he quedado el segundo de la promoción (aunque las notas son muy relativas, sinceramente) y me han ofrecido contrato por un año. Al parecer, pese a que todo apuntaba a que me iba a quedar con la Pécker en La Plaza... me voy a Sevicios Informativos. Y todos los rumores apuntan a que me voy a las Españas (es decir, a los boletines de las 2, 3, 4 y 5 de la madrugada y el diario de la mañana que -España a las 6, 7 y 8- ). Ya veremos Malas noticias: No me quedo con la Pécker, se van amigos del Master y se van también amigos becarios del programa. Hoy ha sido un día de despedidas, abrazos, más de una lágrima y buenos deseos. Me quedo con eso. Nueva entrega de los breves escritos de elindomable productions. Espero que os guste esta historia que, por breve, no deja de ser falsa. Los mil vodkas que se había bebido esa noche y sus piernas le llevaban de vuelta a casa. No era consciente de que estuviera caminando. Simplemente era un autómata que buscaba un refugio hasta recobrar la plenitud de sus facultades. Como un animal, lamía sus heridas con alcohol y miraba con recelo a toda persona que pasara por su lado. Le costaba enfocar y distinguir a una mujer vieja de una joven y atractiva. Se sentó en el escalón de un portal para ver si conseguía que la puta calle dejase de dar vueltas pero las aceras se empeñaban en retorcerse y girar sobre sí mismas, como si una mano oculta las meciera de lado a lado. "Traga saliva", se decía. "Traga saliva, ponte de pie y vete a casa. Estás dando pena." ¿Dónde quedaba la poca dignidad que creía tener? Se miró las manos buscando una respuesta pero al darles la vuelta descubrió que sus nudillos estaban machacados. Se puso en pie. Deseaba con toda sus fuerzas no caerse, no hacer el ridículo y que las heridas de su mano las hubiera provocado algo y no alguien. Una ducha. Esta vez no hay límite de tiempo ni de champú o gel... Lo que sea para quitarse este sabor a alcohol y este olor a tabaco. Les escuecen los nudillos cuando cierra el puño. La herida se abre y el jabón se le mete por ella. Ahora escuece más. La radio suena de fondo. Por lo que dicen las noticias el mundo debe estar desmoronándose. Ya van más de mil muertos. Y eso sólo en un bando. Cierra los ojos y trata de imaginarse desnudo en esa ducha. Trata de imaginarla a ella desnuda. No lo logra. El número de fallecidos retumba en sus oídos mientras en sus ojos se contrapone una cascada de imágenes bien distinta: Son mil las fotografías de modelos en portadas de revistas, en anuncios de televisión o en películas que tiene delante. Esas sí las ve con mucha claridad, hasta tal punto que recuerda cada detalle grabado en su mente. La mezcla le da asco. Todo parece irreal. Lo verdadero se diluye en lo imaginado. La objetividad se pierde. El hielo se vuelve a rendir ante el vodka, otra noche más. Es entonces cuando no puede soportarlo más. Se levanta y deja a esa chica junto a la barra sin decirle nada. Sale del bar y echa a correr. Puede que todavía esté a tiempo. El viento le pega en la cara, el sudor le empapa la camisa... pero no importa. Puede que aún esté a tiempo de coger el primer tren. Y no el que por fin me ha dado la Universidad, tras un año de espera, sino el que realmente quiera usted poner. O al menos así me siento yo. El Master de Radio... acabado. Los malos rollos que de él surgían en ocasiones... acabados. La Universidad... acabada (con papelito en mano). El contrato del piso... bueno, ese está a punto de acabar. Y más cosas que acaban y otras que, lógicamente, empiezan. Los cambios pueden ser oportunidades, ¿no? Así que siento que tengo la oportunidad de poner primero un título, el que me venga en gana, y luego desarrollar la historia a partir de ahí. Eso, después de un año larguito sin posibilidad de tomar las riendas, es un lujo asiático. Por el momento seguimos en Radio5 en el turno del mediodía y luego nos iremos al de los madrugadores. Así que saldremos por la tarde y, a partir de julio, hasta el mediodía (si todo sigue así). ¿Contento? Po si. Mucho, aunque había solicitado otro destino me estoy curtiendo muchísimo en este y la gente es majísima. Y para colmo estoy redescubriendo lo que es el tiempo libre. Ahora sólo queda aclarar un par de cosas con alguna persona, aclararme conmigo mismo y disfrutar... ¡del verano que ya está encima! Ésta es la perlita que iba diciendo una mujer mayor el otro día por la calle. Aquí en Madrid ves a mucha gente que ha perdido el rumbo, de eso no cabe duda. Y sientes una mezcla entre curiosidad, risa y pena. Y piensas, con el paso de los días, cómo una ciudad medianamente grande puede devorar a las personas con tanta facilidad. Entonces te acuerdas de frases de Carlos Berlanga (que si Teresa y yo no recordamos mal, usó Dazzito en su blog) como esa de que "sin vosotros, no sería nadie en Madrid". Vamos a aprovechar las oportunidades que nos da esta masa de gente y edificios sin perder el norte demasiado. Y vamos a aprovechar el poco tiempo libre que nos queda, y vamos a aprender y vamos a abrir una botella de vino... y luego otra. ¿Por qué? Pues porque hemos preferido huir hacia delante. No exactamente Pharmatón pero sí algo parecido. La verdad es que no actualizo y mi blog es un coñazo... pero es que no me da la vida. ¿Me dopo de forma legal o ilegal? "¿Se barbitura usted", como diría Dazz. Más vale que en Madrid tengo buenos amigos. A ellos se acude y siempre están ahí. Y son los de siempre, los que jamás dejan de ser un apoyo. Algún día aprenderé que son los que son. Lo prometo. Taste!!! Furby!!! Nuestro Toxic Boy!!! Dazz!!!... Son muchos. La lista no acaba ahí. Y eso... eso es lo bueno. ¿Vosotros ya sabéis quiénes sois, no? Madrugar e ir al trabajo: Una hora de viaje. Trabajar en la radio: Cuatro horas (de momento, que luego serán más). Clases del Máster: Hasta las ocho y media de la tarde. Trabajos del ¿Dormir? ¿Para qué? Silencio. Una respiración profunda rebota contra la almohada. Unas piernas se mueven bajo unas sábanas con demasiado apresto. Abrió los ojos y vió unas flores sobre la mesilla. Tras pasar sus delicadas manos por sus enormes y rasgados ojos marrones pudo distinguir cuatro rosas amarillas. Sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. La luz de la mañana inundaba toda la habitación del hotel de una forma despiadada y cálida al mismo tiempo. Las rosas estaban inmóviles, casi imperturbables hasta que ella estiró sus dedos y rozó con suavidad las pequeñas hojas que aún dejaban resbalar hacia su interior algunas gotas de rocío. Estaba despeinadísima pero se sentía mucho más guapa que cualquier otro día. Sonidos apagados de bocinas de coches en el exterior. Un rumor se cuela bajo la puerta. El servicio de habitaciones limpia una de las habitaciones de enfrente. Salió del cuarto de baño con la cara lavada. Se sentía guapa antes pero no pudo evitar peinarse al verse reflejada en el espejo. Sus tobillos crujieron de forma casi imperceptible mientras se dirigía de nuevo a la cama. Eso le hacía gracia. Se sentó con las piernas cruzadas, se puso bien el camisón con el que había dormido y miró a su alrededor hasta que se topó con aquellas cuatro rosas sobre la mesilla. La habitación parecía en silencio, casi imperturbable, mientras el mundo seguía inmerso en sus ruidos. Estaba muy tranquila. Una tarjeta entra en la cerradura. El bloqueo electrónico desaparece. Una luz verde se ilumina en el pomo y la puerta se abre. Su primer instinto fue el de taparse pero se resistió. Se sabía guapa aquella mañana y, pese a que no le gustaba lucirse, estaba segura de que a él le gustaría. Una sonrisa. Otra sonrisa. Buenos días. ¿Has dormido bien? Gracias por las flores. Estás guapísima. Gracias por las flores, me encantan. Ella sabía que él le estaba mirando las piernas. Le apasionaba que le gustasen de aquel modo. Un abrazo. Así pudo comprobar cómo se hinchaba su pecho y, también, el de él. Todo parecía un sueño de color marfil, ciertamente difuso... pero no. El abrazo cesó y el día se inició en ese mismo instante. Ruido de coches. Tacones. Risas. Sonido de restaurante. Un "bonjour" en cada esquina. La cámara admite que ha tomado una foto. Las palomas se arremolinan en las Tullerías. De vuelta a casa. Toda la noche por ahí, perdido en bares. Hacía mucho que no salía y que no se pasaba una noche en vela. Ese día vió amanecer desde el tren de cercanías. Nunca lo había hecho. Miraba a su alrededor y todo el mundo, la mayoría gente que iba a trabajar, trataba de no dormirse. Él estaba muy despierto aunque tenía el cuerpo y los pies molidos. Pero eso daba igual. Hacía mucho tiempo que no bailaba así y que no acompañaba a una chica hasta casa. El recuerdo de esas sensaciones le llenó y le vació: le dió fuerzas para seguir y le quitó ánimos para seguir esperando. Necesitaba esas sensaciones aunque no fuera con ella. ¿Aquello era tan raro o le pasaría a más gente? Bah, ni idea. ¿Qué más daba? Creyó estar cerca de la estación de Atocha. Se acordó de aquel amanecer y de la gente que, posiblemente, vió un cielo así esa mañana. Ya faltaba menos para llegar a su casa. Su pequeño cuarto estaba cerca de los grandes colosos de Madrid. Tenía muchísimas ganas de ver esos edificios por la mañana con aquella luz naranja tan intensa, pero si el tren tardaba más de quince minutos ya sólo vería una luz limpia y cristalina. Nada de naranjas. Ya despuntaba el sol entre edificios negros que pasaban por su derecha a toda velocidad. Aún tenía el frío metido en el cuerpo por haber acompañado a esa chica hasta su casa y ni una calefacción brutalmente fuerte le aliviaba. Esa noche no podría contar ninguna historia interesante. Realmente sólo había salido, bebido, bailado, reído y poco más. Ni romances, ni personas nuevas. Tampoco nada especial. "Para de sonreir", pensó. El tio de enfrente ya le miraba con cara rara. "Joder, si no quisiera dormir solo no me iría contigo". Cree recordar que lo dijo para sí mismo... o puede que lo dijera en voz alta. Cosas del vodka. El tren paró y él se echó a correr hacia la puerta porque estos cercanías no tardan mucho en largarse del andén. La estación no tenía tanta gente volando sobre el suelo como a diario pero tardó un rato en llegar a las escaleras mecánicas. Aquella era una gran estación. Salía ya casi a la calle cuando le comenzó a vibrar el teléfono. ¿Qué hacía despierta a esas horas? Diez minutos más tarde entraba a casa. No era la chica a la que había acompañado; era la chica que era suya. No vió los edificios manchados de naranja. No vió nada que no fuera a esa morena en su cama. Paseando entre pinturas de hace más de 300 años. Se hace extraño. Esos cuadros, esos trazos ya estaban ahí mucho antes de que él naciera, de que su abuelo naciera o de que buena parte de sus antepasados hubieran nacido. No cayó en el tópico de pensar que "aquello impresionaba tanto que le hacía sentirse a uno pequeño". Sí que pensaba que era un privilegiado. Esos cuadros habían pasado años y años sólo esperando en estancias a que algún a que algún jodido y déspota monarca tuviera ganas de dar un paseo mirando sus pinturas. Mientras, fuera del palacio, la gente no pensaba en arte. La supervivencia ya era bastante. Bueno, él sabía que la supervivencia estaba garantizada. Qué iba a matarle, ¿una pandemia? Alarmistas de mierda. Era más probable que un grupo de Ñetas o un coche conducido por un borracho acabaran con él. En cierto modo, eso está asumido. Pero, ¿por qué entonces esa desgana? La Familia de Carlos IV. Goya era un puto crack. Mira que pintar a esa con la cara mirando hacia la parte de detrás del cuadro porque le caía mal... Supongo que sería el carácter de genio. ¿Ahora qué me toca hacer? Seguir sobreviviendo pese a no tener nada esencial por lo que pelear. Va a ser cierto eso de que el hombre era el animal más desgraciado porque sus necesidades son ilimitadas. En fin, en casa aguardaba el ordenador, los cd's, los dvd's y mil cosas innecesarias que nos hacen sentir, de algún extraño modo, un poco más seguros. Salío del museo. Ya era de noche. Quedó sorprendido porque en su mente aún atardecía a las nueve. Pero no. Ya no era verano. Se subió los cuellos de su cazadora, miró hacia un lado y se perdió entre la gente que llenaba el paseo. |
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