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El Indomable Niño Dios. "Estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa." |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.
Paseando entre pinturas de hace más de 300 años. Se hace extraño. Esos cuadros, esos trazos ya estaban ahí mucho antes de que él naciera, de que su abuelo naciera o de que buena parte de sus antepasados hubieran nacido. No cayó en el tópico de pensar que "aquello impresionaba tanto que le hacía sentirse a uno pequeño". Sí que pensaba que era un privilegiado. Esos cuadros habían pasado años y años sólo esperando en estancias a que algún a que algún jodido y déspota monarca tuviera ganas de dar un paseo mirando sus pinturas. Mientras, fuera del palacio, la gente no pensaba en arte. La supervivencia ya era bastante. Bueno, él sabía que la supervivencia estaba garantizada. Qué iba a matarle, ¿una pandemia? Alarmistas de mierda. Era más probable que un grupo de Ñetas o un coche conducido por un borracho acabaran con él. En cierto modo, eso está asumido. Pero, ¿por qué entonces esa desgana? La Familia de Carlos IV. Goya era un puto crack. Mira que pintar a esa con la cara mirando hacia la parte de detrás del cuadro porque le caía mal... Supongo que sería el carácter de genio. ¿Ahora qué me toca hacer? Seguir sobreviviendo pese a no tener nada esencial por lo que pelear. Va a ser cierto eso de que el hombre era el animal más desgraciado porque sus necesidades son ilimitadas. En fin, en casa aguardaba el ordenador, los cd's, los dvd's y mil cosas innecesarias que nos hacen sentir, de algún extraño modo, un poco más seguros. Salío del museo. Ya era de noche. Quedó sorprendido porque en su mente aún atardecía a las nueve. Pero no. Ya no era verano. Se subió los cuellos de su cazadora, miró hacia un lado y se perdió entre la gente que llenaba el paseo. Mira que hay veces en las que uno está contento de cómo le van las cosas en lo profesional... De pronto, tras una salida un poco amarga llego a un nuevo sitio donde estoy aprendiendo, donde estoy conociendo a gente simpatiquísima y donde a uno le tratan muy bien. No me puedo quejar, de eso no cabe duda. Me están subiendo el ego un poco. Muchos me dicen que lo hago bien y eso es todo un alivio. Da mucha seguridad pero, creo, no me hace "dormirme en los laureles". De hecho, yo reacciono al revés con los halagos: me esfuerzo por seguir así y mejorar. Siempre hay cosas que aprender, que mejorar y que corregir (y no sólo hablo de cómo suena uno por el micrófono). |
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